Caso Narvarte: la persistencia de la impunidad y la revictimización social
A once años del multihomicidio en la colonia Narvarte, activistas y familiares denuncian que la falta de justicia efectiva persiste como una herida abierta en la capital.

A once años de los hechos ocurridos en un departamento de la colonia Narvarte, en la Ciudad de México, el caso sigue siendo un referente de la impunidad y la revictimización en el sistema de justicia mexicano. El multihomicidio, donde perdieron la vida cinco personas, continúa generando interrogantes sobre la actuación de las autoridades locales y la falta de líneas de investigación exhaustivas que satisfagan a las familias de las víctimas.
Mar Morales, activista y observadora del proceso, ha señalado recientemente que la lección más dolorosa del caso Narvarte radica en cómo las instituciones y ciertos sectores de la prensa han fallado en su deber. Según su análisis, la verdadera justicia no solo implica la sanción penal, sino el cese de las prácticas que vuelven a lastimar a quienes buscan la verdad, evitando que investigadores y medios repliquen narrativas que criminalizan a los fallecidos.
La exigencia de justicia se mantiene vigente en las calles y en los foros de derechos humanos, donde se cuestiona la profundidad de los avances presentados por la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México. A pesar de las consignas de transparencia, los colectivos sostienen que el proceso ha estado marcado por omisiones que impiden conocer a los autores intelectuales y las motivaciones reales detrás de la tragedia que conmocionó al país en 2015.
La sociedad civil insiste en que la revictimización ocurre cuando se desvía la atención de las fallas institucionales hacia la vida privada de las víctimas. Este fenómeno, documentado por organizaciones defensoras de derechos humanos, subraya la necesidad de una reforma profunda en la forma en que el Estado mexicano aborda los crímenes contra periodistas y activistas, garantizando que el acceso a la justicia sea un derecho efectivo y no una promesa postergada.
Finalmente, el caso Narvarte permanece como un recordatorio de que la impunidad erosiona la confianza pública en el sistema judicial. Mientras las familias continúan su búsqueda de verdad, el debate nacional se centra en la urgencia de protocolos de investigación que prioricen la dignidad humana y la transparencia, alejándose de los estigmas que, a lo largo de más de una década, han obstaculizado la obtención de justicia plena.


