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Hallazgos arqueológicos revelan uso de antorchas de pino en cuevas antiguas

Investigaciones recientes sobre grupos nómadas confirman que utilizaron ramas de pino como iluminación artificial para explorar cavernas profundas hace milenios.

Redacción Latitud
Foto: xataka.com.mx

Hace más de 14,000 años, un grupo de personas acompañadas por un perro se aventuró en las profundidades de una cueva sin luz natural. Investigaciones arqueológicas recientes sugieren que, ante la ausencia de tecnologías de iluminación, estos grupos nómadas emplearon ramitas de pino como antorchas improvisadas para recorrer pasadizos subterráneos. Este hallazgo permite comprender mejor las capacidades de adaptación y la tecnología básica que empleaban los primeros pobladores para explorar entornos hostiles y oscuros en el territorio continental.

La elección del pino no fue casual, ya que su alto contenido en resina permitía una combustión prolongada y una llama constante, ideal para expediciones dentro de sistemas cavernarios extensos. Al analizar los restos de carbón y las huellas dejadas en las paredes, los expertos han logrado reconstruir la logística de estas expediciones. A diferencia de lo que se podría suponer, el uso de estos recursos naturales demuestra un conocimiento avanzado sobre el entorno y los materiales disponibles en el ecosistema circundante de la época.

El hecho de que estos grupos exploraran zonas de difícil acceso junto a animales domésticos o de compañía subraya una estructura social compleja. Las evidencias encontradas en diversas formaciones geológicas de América refuerzan la teoría de que los asentamientos humanos tenían una relación estrecha con la exploración geográfica, utilizando el fuego no solo para calor o protección, sino como una herramienta de navegación esencial en la oscuridad.

Especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y centros académicos han señalado que este tipo de descubrimientos son fundamentales para documentar la historia de los primeros grupos humanos en México. Los estudios en curso buscan determinar si estas prácticas de iluminación eran comunes en otras regiones del país, lo cual podría reescribir la cronología sobre cómo se habitaron las zonas montañosas y las cuevas remotas durante el Pleistoceno tardío.

Aunque el análisis de los restos continúa, la importancia de este hallazgo radica en la capacidad de los investigadores para conectar el pasado remoto con las técnicas de supervivencia humana. Se espera que en los próximos meses se publiquen más detalles sobre las rutas seguidas por estos grupos, aportando luz sobre las estrategias de movilidad que definieron el poblamiento temprano de la región y consolidando la importancia de preservar estos sitios arqueológicos nacionales.

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