La industria automotriz europea cuestiona la prohibición de motores a gasolina
Tres de los fabricantes automotrices más influyentes de Europa han expresado su oposición a la meta de eliminar los vehículos de combustión para 2035, argumentando desafíos técnicos y de mercado.

La Unión Europea se ha fijado el objetivo de prohibir la venta de vehículos nuevos con motores de combustión interna para el año 2035, una medida diseñada para acelerar la transición hacia la movilidad eléctrica. Sin embargo, tres de los principales grupos automotrices del continente han manifestado su preocupación ante esta hoja de ruta, advirtiendo que los plazos actuales podrían poner en riesgo la estabilidad del sector manufacturero y la accesibilidad para los consumidores.
Estas empresas señalan que la infraestructura de carga necesaria para soportar un parque vehicular mayoritariamente eléctrico aún es insuficiente en gran parte del territorio europeo. Además, argumentan que la dependencia de cadenas de suministro globales para la fabricación de baterías de litio representa una vulnerabilidad estratégica significativa que no ha sido resuelta adecuadamente por las autoridades regulatorias.
Los fabricantes proponen que la transición sea más flexible, incorporando tecnologías alternativas como los combustibles sintéticos y los híbridos de última generación. Según el posicionamiento de los consorcios, mantener una diversidad tecnológica permitiría reducir las emisiones de carbono de manera progresiva sin comprometer la competitividad industrial ni forzar un cambio abrupto que los mercados actuales podrían no ser capaces de absorber.
En México, la SEMARNAT y la SENER observan de cerca este debate, ya que la industria automotriz nacional está profundamente integrada con las cadenas de valor europeas y norteamericanas. Cualquier modificación en los estándares de fabricación global tendría repercusiones directas en las plantas de ensamblaje instaladas en estados como Guanajuato, Puebla y San Luis Potosí, las cuales exportan gran parte de su producción hacia mercados internacionales.
Por ahora, la postura europea se mantiene como una propuesta de ajuste ante la normativa vigente, mientras los fabricantes continúan negociando con los organismos reguladores. La incertidumbre sobre si se mantendrá la fecha límite de 2035 o si se implementarán prórrogas técnicas sigue siendo el eje de las discusiones en los foros económicos internacionales, marcando el ritmo de lo que será una transformación irreversible para el sector automotriz global.


